Nos costó una Copa del Mundo. Pero hay cosas que jamás vamos a negociar.
En las últimas horas escuchamos todo tipo de teorías. Que el fútbol ya no pertenece a la gente. Que hoy mandan el marketing, el dinero, el poder y la política. Que la esencia de este deporte quedó relegada detrás de intereses que muy pocos conocen.
No sabemos hasta dónde llega todo eso. Tampoco sabemos cuántos símbolos, cuántos mensajes y cuántas decisiones se juegan fuera de la cancha. Lo que sí sabemos es que millones de personas sienten que el fútbol ya no es el mismo.
Y si este mensaje tuvo un costo, lo asumimos.
Porque una simple sábana blanca logró hacer lo que muchos discursos no consiguen: atravesar fronteras y recordarle al mundo entero que las Malvinas son argentinas.
En un espectáculo visto por millones de personas, donde cada gesto parece calculado y cada imagen tiene un impacto global, ese mensaje quedó grabado para siempre.
Tal vez eso explique muchas cosas. Tal vez no. Cada uno sacará sus propias conclusiones.
Pero hay una verdad que ningún poder, ninguna federación, ningún organismo internacional y ningún interés económico podrá cambiar.
Nuestra soberanía no se negocia. Nuestra patria no se negocia. Nuestra historia no se negocia.
Los argentinos podemos perder partidos. Podemos perder finales. Podemos aceptar derrotas deportivas.
Lo que nunca vamos a hacer es agachar la cabeza cuando se trata de defender lo que es nuestro.
Porque hay copas que se ganan y se pierden.
La dignidad de un pueblo no.
Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.
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