La ultraderecha también puede hablar catalán y envolverse en una estelada. Eso no vuelve menos racista su empeño en decidir qué vecinos sobran. Defender una lengua o la autodeterminación de un pueblo jamás debería servir de coartada para perseguir a quienes viven en él. Orriols encontrará enfrente a gente que quiere a Catalunya sin necesitar que otros le tengan miedo.
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